Testimonio: Del sufrimiento al Refugio
Un día cualquiera fui a nacer, pero resulta que fui a nacer viejo, y mientras mis compañeros de 4º de E.G.B. le daban patadas a una pelota, yo leía el banquete de Platón. Saqué en claro, con mis cortas entendederas de entonces, que la homosexualidad acompañaba a la especie humana desde sus principios, aunque no fuese mi caso en particular pues de aquella ya me perdían las faldas. Luego mis compañeros pasaron de darle patadas a un balón a dármelas a mí. Así fue como aprendí a pelear y, de paso, me convertí en un matón, en uno de los malos. También preguntaba más de lo debido lo que me sirvió para comprender que ninguno de aquellos adultos a los que tenía como maestros sabía lo más mínimo de a qué demonios habíamos venido a la vida. ¿Cuál era el sentido de la existencia? ¿Cuál era mi misión? Nadie contestaba… Así que decidí por mi cuenta que ninguno de aquellos adultos tenía el más mínimo derecho a decirme cómo vivir mi vida, pues no sabían ni tan siquiera vivir la...